sábado, 12 de noviembre de 2016

Mar


Tú que nunca me fallas.
Que siempre estás ahí para mí,
cálido, paciente, susurrante.
Tú que absorbes mis lágrimas 
cuando hace falta, 
que me arropas, 
me acunas y me mimas,
Que juegas conmigo 
haciéndome olvidar 
realidades inconfesas 
y a veces punzantes. 
Tú que me esperas paciente 
y jamás recriminas 
la largura de mi ausencia.
A ti te canto hoy 
desde la soledad impía, 
en esta noche sin luna 
en que ni los grillos 
han querido cantar
porque la tierra es dura y fría.
En esta noche sin luna,
ni estrellas,
ni música, 
ni amor… 
ni nada.
Desde el vacío infinito 
en que moramos 
aquellos que ya no importamos
ni a ellos, ni a Él, ni a nadie.
Hoy quisiera sepultar mi dolor 
en tus quietas aguas de otoño,
sumergirme bajo tu espuma luminiscente
olvidando todo… y a todos,
pero solo me sentaré aquí
sobre la arena húmeda
dejando que lamas mis pies 
ya de por si helados,
mientras cierro los ojos al mundo,
al amor,
a esta vida que no quiero vivir.

©Luisa Chico


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martes, 8 de noviembre de 2016

El reto

Un trabajito de mi efímero paso por el Taller de Literatura del Ayuntamiento de La Laguna...
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Adela había aceptado aquel encargo lleno de responsabilidad sin haber calibrado bien las consecuencias. «¿En qué diablos estaría yo pensando cuando dije si?» Se preguntaba mientras corría aquí y allá por el camerino atusando tutús, colocando lazos, corrigiendo posturas o instando al calentamiento de músculos a unas y otras.
Aquel grupo de adolescentes que la miraban entre asustadas y felices la hacían volver a sus años de juventud y entonces lo supo, había aceptado porque a su avanzada edad necesitaba toda aquella adrenalina para sentirse viva.
Sonrió a María que estiraba junto a la barra con toda la serenidad de que era capaz, a pesar de que los nervios ante la inminencia de aquella función parecían querer paralizarla.
De pronto, entre paseos inquietos por el camerino, Adela se percató de que María ya no estaba en la barra, miró alrededor buscándola y la vio salir apresuradamente hacia el cuarto de baño, el corazón comenzó a latirle apresuradamente en el pecho. Estaban a punto de llamarlas a escena y María era la primera bailarina de la obra. Corrió tras ella apresurada y a punto de darle un ataque de nervios. Todo su prestigio como profesora de danza dependía de aquella actuación resultase impecable, no quería fallarle a quienes habían confiado en ella, a pesar de sus años, para sacar aquel proyecto adelante.  Encontró a María devolviendo en el lavabo y la consoló como pudo, ella conocía bien las malas pasadas que los nervios jugaban ante la responsabilidad.
«No se preocupe doña Adela, ya estoy mejor, bailaré como nunca y lo haré por usted». –un suspiro de alivio y ternura elevó su pecho al escucharla. ¡Se sentía tan orgullosa de sus chicas!
-¡Grupo Siemprevivas, a escena…! -Llamaban desde el pasillo.

Y juntas salieron del cuarto de baño. A ambas las esperaba un reto.
©Luisa Chico


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